Friends

- Can you undersand that I cannot understand you?
- Sure.
- Therefore I cannot say "so do I" ?
- Forget it.

Sobraban las palabras

Daniel se sentía mal. Su sudor era extrañamente frío…su mirada atravesaba sus párpados cerrados y contemplaba desde fuera cómo su cuerpo se sumergía en un abismo que bien le podría conducir hasta el mismísimo infierno. Todos gritaban a su alrededor, excepto Ana, que seguía sentada a su lado acurrucándose en su hombro derecho. 

Daniel temblaba y su mirada seguía interpretando el mundo a través de sus párpados, adivinando que su cuerpo no aguantaría más tiempo en aquella pesadilla; por eso cuando Ana se despegó en ese mismo instante tanto él como su mirada agradecieron a la providencia que ella hubiera decidido salvarse.

El tiempo se detuvo. La mirada de Daniel pudo deshacerse de los párpados y ver de nuevo aquel mundo desde sus propios ojos, pudo ver aquella gente que ahora respiraba aliviada y pudo ver también la sonrisa de Ana, inmutable, porque en su relación con Dani sobraban las palabras.

La ratonera

Vini
Todavía me sorprendo cuando siento el calor increíble que puede hacer en Barcelona a primeros de septiembre ¡es inhumano! Incluso a las nueve de la tarde (no digo de la noche porque todavía es de día) mi calva se convierte en un tobogán improvisado para las gotitas que brotan por doquier.

Por fin dejo de andar y llego a mi destino, un bar muy conocido de la calle Sitges de Barcelona. Supongo que he sido el primero en llegar, así que con la confianza que da el superar sobradamente la edad mínima para el consumo de alcohol paso por delante del guarda de seguridad y avanzo -no sin dificultad- entre parejitas que andan besándose en medio del pasillo. En la zona de futbolines el pasillo se ensancha y se puede admirar un paisaje más habitual: grupos más o menos grandes de personas alrededor de distintas mesas observando cómo acaban con el líquido rojizo o amarillento de sus jarras. De sus bocas surgen sonidos extraños, esporádicamente acompañados por unas sonoras carcajadas. ¡Otra vez la Oveja llena de guiris borrachos!

Vidi

Sonrío mientras busco con la mirada algún rostro conocido…. pero sin duda he llegado el primero. Con cierta resignación (y con ciertos problemas) me dirijo hacia la barra y de pronto algo capta mi atención en la zona de billares: una chica con un taco (el palo de billar), y con un escote generoso encima del mismo. Sobre el escote unos ojos marrones que miran fijamente una bola casi tan blanca como mis pantalones.
- Ostia puta!
- Pardon – Esta disculpa no parecía muy convincente, ni ella ni los dos (una chica y un chico) que andaban jugando con ella podían aguantar la risa…. bueno, ni la veintena de personas que habían visto la jugada en directo.
- Dios – fue lo más honroso que se me ocurrió decir, mientras levantaba el pie derecho instintivamente.
- ¿Estudiant?
- Ehhh??? - O sea, me tira la puta bolita blanca encima de mi pie, no se aguanta la risa y lo primero que hace es preguntarme si soy estudiante… ¡yo flipo!.... supongo que mi triste respuesta le hizo repetir la pregunta …
- ¿Es tu bien? - (¡¡¡ Coño!!! ¡Si me está hablando francés! Ahora es cuando me voy a lucir… ¡voy a seguirle la conversación! ¡Que prontito voy a amortizar mi super curso intensivo de francés! ).
- Oui, Oui….. eh… un peu – ¡¡Que capullo que soy, vaya mierda de respuesta!!
- Are you sure you are Ok?
- Actually I think you owe me a beer.

Sin tiempo para reaccionar la chica se acerca, coloca su mano derecha en mi hombro izquierdo y acerca sus labios carnosos a mi cara hasta contactar sobradamente con mi mejilla izquierda, lamentablemente muy lejos de la comisura de los labios.

Ese gesto sencillo y desinteresado tuvo efectos sorprendentes: por un lado consiguió que la sonrisa volviera a mi rostro al tiempo que el murmullo de burla que se respiraba unos instantes antes se transformara en un murmullo de admiración hacia mi pie dolorido y hacia la bola blanca que no andaba lejos (y que la chica se apresuró a coger ofreciendo a los presentes ángulos de su escote hasta entonces desconocidos).

Lo cierto es que día a día me sorprendo de mis propias reacciones. Yo creo que estoy enfermo. ¿Cómo puede ser que en esos momentos ande riendo sumido en mis propios pensamientos? ¿Y por qué mis pensamientos se resumen en…?

- ¡Menos mal que no es más alta que yo, sino la tía esta chunga habría sido capaz de darme un beso en toda la calva!
- Joder, algún día tengo que intentar girar la cara en el último momento para que el beso sea -al menos- en la comisura....
- Venga, que ya me toca pedir…. ¡Una jarra grande de sangría, por favor!

Esperando mi jarra de sangría (y el codiciado platito de palomitas) oigo un improvisado y sentido piropo hacia la chica del billar:
“¡guapa! kamí también me puéh tirá láh bolah!”.
El chico ha conseguido –efectivamente- que la chica del billar se lo quede mirando, indudablemente no ha entendido nada, pero parece que más o menos intuye lo que le acaban de decir….

- Il veut que vous le jetiez la boule – (Toma ya!!! Se lo he dicho solo tras diez segundos de prepararme la frase!!!... Ostras, le he llamado de usted, pero en realidad me ha quedado super bien!... bueno, para ser sincero todavía no se si me ha entendido).

- Parlez-vous français (!?) – Parecía una pregunta, pero prefiero pensar que en realidad ha formulado una exclamación J
- Oui, Oui, un peu - Respuesta polivalente donde las haya…..
- Asdflakdsjfñalkdsfjañlsdfjalñsdfajfdlañdsfj??
- Que tu as dit?
- ASDLFKAJSDFLAKDSFJASDLFAJDSF – Esta vez la pregunta viene acompañada de un ataque despiadado sobre el platito de palomitas que apenas se sostiene en mi mano izquierda… entendiendo al instante el significado de la pregunta.

¿Acaso la belleza natural de la chica le da derecho a aprovecharse de los hombres a su antojo? ¿Cómo puede pensar que por haberme dado un beso en la mejilla puede disponer libremente de mis palomitas y de mi bebida? ¡Estoy indignado!

Justo a los quince minutos, cuando ya casi nos habíamos la sangría recibo un mensaje de mi amigo avisando que en esos momentos está saliendo de casa y que por tanto va a llegar algo tarde. Todavía me asombro de mi lucidez de aquel momento: tras mostrarle el mensaje a Candice le llamé para decirle que no es necesario que venga… Candice parecía divertida tratando de decirle lo mismo en francés y en inglés. Tras cinco minutos de conversación al otro lado del teléfono seguían preguntando si era broma…
Vinci

Si, corro el riesgo de que el final os parezca demasiado flojo, pero como dice Sabina…. ¿para que más detalles?

Encrucijada

Es de noche y no se aprecia movimiento en el exterior. La rotonda permanece iluminada escasamente por los faros del coche, sin restar protagonismo a los dos caminos que nacen a derecha e izquierda. Ambos caminos andan flanqueados por dos hileras de farolas aunque debido a mi reciente operación de miopía apenas puedo ver nada más que unos circulos de luz difuminados sobre el asfalto.

Seguramente el cartel que precede la rontoda me dirá si ando por buen camino. Reduzco la velocidad e incluso me detengo activando las luces de emergencia. Miro atentamente pero ninguno de los nombres del cartel me resulta familiar. Paro el motor.
[...]

Han pasado dos días desde que llegué a la rotonda. Quería estar tranquilo para pensar en mi situación, pensar en dónde ir, qué hacer, aunque la mayoría del tiempo he estado escuchando la radio y dejandome llevar por las canciones que iban sonando... Supongo que algo he pensado porque no he salido del coche en estos dos días; tengo todavía bastante comida: embutido, agua, cerveza y fruta... así que todavia puedo aguantar más si fuera necesario.

He esperado otro día más (ya van tres) y vuelve a ser de noche. He dormido mucho estos días... entre diez y doce horas aunque por supuesto no del tirón (es difícil conciliar el sueño teniendo al sol en todo lo alto). Me pregunto qué pasaría si no funcionara la radio. Me pregunto también cómo es posible que durante tres dias no haya sentido la necesidad de llamar a nadie. Tampoco entiendo por qué no explico mi situación a los que me llaman...

Está a punto de amanecer, mi coche sigue en el arcen, con las luces de emergencia y el motor apagado. Llevo un rato medio dormido aunque no totalmente. Hace unas horas me cansé de la radio y la apagué, pero ahora vuelvo a encenderla en busca de distracción. Tengo hambre y decido beber una cerveza.

No estoy seguro pero creo que en una hora voy a seguir mi camino. Sigo sin saber dónde ir, pero cualquier camino será mejor que quedarme aquí, ante la rotonda. Antes de mi salida creo que debería limpiar el coche: no solo pasar la aspiradora sino también meter en una bolsa todos los desperdicios de comida que hay por ahí: cascaras de platano, restos de yogurt, etc... La verdad es que todo esta hecho un asco.

La limpieza ha durado más tiempo de lo previsto y me ha dejado exhausto. He pensado que antes de proseguir mi viaje debería dormir un poco más, para así salir con fuerzas mañana a primera hora.

[...]

Han pasado ya tres meses de aquello. Todavía no comprendo como pude aguantar seis dias en la rotonda sin encender el motor. En realidad me asusta un poco todo esto y no se muy bien como evitar que vuelva a pasar. He decidido no tener comida en el coche. También procuro no andar solo al volante. Quizás lo mejor sea no pensar en ello...

Compañeros de Viaje

Es recomendable leer primero El cuerpo de Mariela
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Tenía 24 años, lucía un bonito pelo rubio aunque nada intenso; su corta estatura no le impedía liderar cualquier reunión de amigos por muy multitudinaria que fuera. Era genial. Todavía no se muy bien cómo pudo fijarse en mi, un tipo tímido e introvertido que a duras penas podía mirarla a los ojos más de 2 segundos; yo lo intentaba... pero inevitablemente mis párpados decidían cerrarse al tiempo que la cabeza cambiaba de dirección para evitar su mirada firme y peligrosa.

Fue ella la que me eligió. Ella la que me enseño. Me desveló sus secretos y desnudó totalmente su alma.... a mi, a ese chico necio e insignificante que atraía las burlas de todos sus compañeros. Me llenó de vida y pronto mi mirada fue tan firme y peligrosa como la suya. Me sentía el dueño del mundo y ella estaba orgullosa.

Seguía desnudándose día tras día hasta que ya no hubo secretos. Jamás hablamos directamente del tema pero yo sabía perfectamente lo que iba a pasar. Ella andaba feliz, satisfecha, y era por eso que no quería perderlo todo, no quería arriesgarse unos años más. Difícilmente la vida podía seguir siendo tan generosa con ella cuando a su alrededor todos caían en desgracia.

Pasamos su último día en la cama. Entendí lo que quería hacer e intenté disuadirla rompiendo la regla del silencio. Sonrió, tomó su pastilla pero también la mía... y me besó... y continuó besándome toda la noche... y volví a ser el chico tímido e introvertido que a duras penas podía mirarla a los ojos.... necio, insignificante.... cobarde.

Sigo en la cama. Llorando. He perdido todas las fuerzas y no consigo reunirme con ella... no quiero verla.... estiro el brazo hacia el otro lado y compruebo que el cuerpo de Mariela inerte hace 30 días sigue allí.

El cuerpo de Mariela

Esta historia pertenece Demensia y se encuentra publicada en MSNSpaces.
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Se levanta y la vida le cuesta, apenas abre los ojos la realidad le cae encima ahogándolo; así, acongojado se arrastra por su apartamento hasta llegar al baño donde se lava la cara en un acto de fortaleza, mientras mira su rostro desencajado a través del espejo; no le gusta lo que ve, no le gusta saberse vivo, cada día es un nuevo fracaso consigo mismo.

No tiene motivos para nada por eso no se viste, deambula con su desnudes, no se peina ni toma un baño , hace semanas que no habla con nadie. Abre el refrigerador y se encuentra con que no queda nada mas que un frasco de mostaza , sabe que debe ir al supermercado pero se niega, el contacto con el exterior le haría mas daño, ver a toda esa gente sonriendo, hablando, peleando, agrediéndose unos a otros, sufriendo… llenar la canasta de comida para que el hambre no le perturbe a uno y volver a casa con retazos de las historias de otros pegados en el muro de la conciencia …y sentarse a masticar con los rostros recién vistos pululando sus ansias en el inconsciente esperando agazapados a ser jalados en medio de una pesadilla nocturna, le da miedo; en consecuencia saca el frasco de mostaza , lo abre, mete un dedo y luego otro y se la va comiendo hasta que no soporta el sabor; entonces para.

Regresa a su cama alza un libro y trata de leer, se da cuenta que no puede por que las ideas en su cabeza no se conectan como si solo hubiera espacio para su dolor, mas bien se acurruca y duerme.

Sueña que camina por lugares oscuros, de pronto alguien lo sigue, él trata de escapar, se mete por callejones entreverados, corre y tropieza una multitud de veces hasta que las casas empiezan a quedar atrás, ahora solo están frente a el los matorrales y el oscuro personaje que cada vez esta mas cerca; el pánico se apodera de él, de pronto cae en un vacío y despierta con un grito, vuelve a sentirse miserable, mira hacia el techo y se queda viéndolo casi sin pestañear , las manchas de humedad parecen sonreírle con sorna... se tapa la cabeza con la almohada y grita, grita todo su dolor y muerde el algodón con rabia hasta que poco a poco se asfixia, entonces suelta todo y llora. Quince minutos después estira el brazo hacia el otro lado de la cama y comprueba que el cuerpo de Mariela inerte hace 30 días sigue, allí.

Historias de un Jugador en Madrid (Capítulo V)

Así pues llegué a la habitación y ella se estaba bajando y quitando los pantalones. Mientras lo hacía comentó de nuevo que al día siguiente -al levantarnos- me llevaría al hotel. También me dijo que su compañera de piso se iba a las ocho de la mañana hacia Córdoba... no obstante yo le dije que a las siete y media tenía que estar en el Hotel; ese día todavía había partida, y a las ocho salía el autocar que nos llevaba a la sala de juego. Además estaba preocupado por mi equipo (Quizás habían tenido problemas con el gordo), y quizás ellos estaban preocupados por mi.

Mientras hablábamos esto ella ya se había quedado en ropa interior -aunque se puso una camiseta ancha- se había metido en su cama - una cama pequeña, individual- y había dejado vacía la mitad: correspondía a mi sitio. Instantáneamente cerró los ojos esperando a que me reuniese con ella.

Allí estaba yo, en la alcoba de una chica a la que no conocía, y dispuesto a pasar la noche con ella. Mientras divagaba en estos pensamientos me apresuré a desnudarme y acostarme. Comencé a hacerlo y le eché una mirada a mi chica: se hacía la dormida. De repente comenzó a invadirme un pequeño temor que se fue acrecentando por momentos: todo el mundo ha oído hablar de hombres que han sido seducidos por una mujer y han sido encontrados al día siguiente sabe Dios como. Hice oídos sordos a mi conciencia.

Una vez preparado fui hacia la cama y me metí bajo la manta. ella seguía haciéndose la dormida, aunque bien mirado, parecía que realmente estaba dormida. Nos hallamos tumbados frente con frente. Me pasé muchísimo tiempo acariciando su cara: era preciosa. Pero ella parecía estar profundamente dormida.

Veía muy extraño que me hubiese invitado a su cama sólo para DORMIR. No sabía bien qué debía hacer, si rendirme al sueño o insistir en despertarla. Mi mente enferma aprovechó la ocasión para desarrollar un análisis de la situación.

Finalmente, mientras le acariciaba la cara, decidí que no debía despertarla y que podría quedarme un rato. Así pues le pasé mi mano izquierda por encima de su cuerpo y me quedé dormido, no sin antes mentalizarme para despertarme pronto.

Me sorprendí a mi mismo cuando desperté a las 7:00 de la mañana (habían pasado escasamente dos horas), pero parecía que hubiese dormido todo el día. Al despertar estaba mirando hacia arriba. Ella continuaba durmiendo y yo podía sentir el calor que desprendía su mano derecha, apoyada comodamente sobre mi pecho.

Decidí, ahora sí, despertarla para avisarle que me iba a ir. Primero intenté hacerlo a base de caricias, después llamándola, pero finalmente tuve que moverla un poco con pequeñas sacudidas. En aquellos momentos abrió los ojos. Durante una décima de segundo su rostro revelaba que no esperaba a ningún chico a su lado. Instantáneamente recordó todo... pero el sueño era intenso y estaba sucumbiendo de nuevo. Aproveché aquellos momentos para decirle "Me voy a ir", y ella - más dormida que despierta - consiguió articular algo que interpreté como un "Vale".

Así pues me levanté de la cama y comencé a vestirme. Cuando ya estaba listo me senté en la cama y la volví a despertar. Miré el reloj: eran las siete y veinte. Volví a mirarla: se había vuelto a dormir. La redesperté.

- Bueno, pues yo me voy: acompañame a la puerta...
- Hmm (me dijo algo mezclado con un bostezo).
- Venga, va...
- Si está ahi.... (de nuevo intentaba dormirse)
- Venga, acompañame, que me puedo meter por equivocación en la habitación de tu compañera.
- ¡Pues da igual!
- Pues no estaba mal la compañera - bromee internamente.
- Va, que si no no me voy.
- ¡Eres más pesado que los niños de la escuela! - dijo mientras por primera vez en aquella conversación me dedicaba una gran sonrisa.

Finalmente se levantó y descalza, tal y como estaba, me acompañó hasta la puerta. Allí me dijo que veía difícil que fuera a verme más tarde: estaba muy cansada. Yo lo comprendí. Además ya me conformaba con un final así.

Nos besamos para despedirnos, y mientras lo hacía sabía que no nos íbamos a volver a ver... Al momento ya estaba en la calle, al amparo de un "nuevo" día, que me recibió lloviendo